Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘libros electrónicos’

El Observatorio de la lectua y el libro, dependiente de la actual Secretaría de Estado de Cultura, acaba de publicar Situación actual y perspectivas del libro digital en España II. Se trata de un documento muy bien estructurado, muy bien informado, que ofrece cifras en detalle. También una panorámica de las diferentes iniciativas que han tenido lugar en este país en fechas recientes.

Léanlo si el tema les interesa. Es lo único que les puedo decir. Les va a resultar muy instructivo.

El único pero que se puede poner no es en realidad un pero, porque no es culpa del informe. Ocurre que este escenario del libro electrónico está evolucionando tan rápido que las conclusiones que se sacan ya no son aplicables a la actualidad. La cifra que ofrece: que el ebook en 2010 (última cifra disponible) supuso solo el 2,4% de la facturación solo es eso, una cifra ya pasada. La calificación de marginal es aplicable a ese momento y escenario, no a los actuales.

El único comentario, al margen de ese, que quisiera hacer, es el siguiente. Ahí se recoge que los ebooks ya son el 18% de los libros registrados en España. Y dice bien: «registrados». Libros con ISBN. Hago la precisión porque cada vez ese método va a ser menos fiable.

El ISBN no deja de ser un número de catalogación otorgado por una entidad privada, radicada en su día en Alemania y en la actualidad en Inglaterra, si no me equivoco. A los españoles nos choca esto un poco porque hasta el año pasado los isbns eran expedidos por un organismo oficial.

Y ocurre que el ISBN se está «desuniersalizando» si se me permite el palabro. Librerías online con tanto volumen de negocio como Amazon no lo exigen, en cambio otras como ITunes sí. Y los hay, gratuitos, que circulan con licencias creative commons. Así que ya no son el 100% de los libros que se producen en ebook los que llevan ISBN, como ha estado ocurriendo con los producidos en papel. Luego echar las cuentas ya no va a ser tan fácil como antes y habrá tal vez que recurrir a la estadística.

Pero era eso, solo un comentario, una anotación al margen. Insisto, léanlo si les interesa el tema. No se arrepentirán.

Anuncios

Read Full Post »

En una entrada anterior hacía algunos comentarios sobre los datos ofrecidos por el Avance sobre el comercio interior del libro, publicado por la Federación de Gremios de Editores de España. Ahora vamos a usar otro documento de la misma institución, El barómetro de hábitos de lectura y compra de libros, correspondiente al primer semestre del 2011, para echar una ojeada a la situación de los libros electrónicos en España. Eso sí, les animo a echar una ojeada al documento completo, porque resulta de sobra interesante.

Centrándonos en el ebook, se nos indica que un 2,1% de los lectores que leen en algún tipo de soporte digital, leen este tipo de libros. Como el estudio cifra el porcentaje de lectores digitales en el 52,5% del total de la población española, hemos de entender que alrededor de un 1% de los españoles lee ya libros electrónicos.

El barómetro nos informa también de que un 3% de los españoles dispone de lector de ebooks. También de que esto supone un incremento de nada menos que el 75% en los últimos seis meses. Parece un dato muy alentador, pero conviene no echar las campanas al vuelo. ¿Por qué? Porque de la lectura del barómetro me queda la duda de si esos lectores son readers de tinta electrónica o si aquí se incluyen también las tabletas PC. El detalle es importante, ya que las segundas son dispositivos multimedia que no es adquieren como los primeros para leer, aunque lo permitan. Si estuvieran incluidas, se quedaría en poco ese incremento tan espectacular del 75%, ya que el periodo coincide con uno de despegue en ventas de las tabletas.

En fin, que el libro electrónico en nuestro país sigue siendo residual. A punto de dejar de serlo para convertirse en una opción minoritaria pero a tener en cuenta, es cierto, pero no avanza ni de lejos a la velocidad que en Estados Unidos, por poner un ejemplo. Así que habría que preguntarse por qué. Si hay algún motivo, más allá de una hipotética renuencia frente a este formato por parte de los lectores de libro en papel.

En lo que a la Administración toca, no se lo está poniendo fácil al libro electrónico no. Y la principal traba es el IVA que se ha fijado para este tipo de productos. A un libro electrónico, si se descarga, se le aplica nada menos que un 18%. A ese mismo libro electrónico en soporte CD o similar, así como al libro en papel, en cambio, se les aplica un IVA superreducido del 4%. Esta discriminación absurda proviene de una respuesta vinculante de la Agencia Tributaria a una consulta. En esa respuesta, la Agencia invocó para la aplicación del 18% una directiva europea que ni está traspuesta ni es de obligado cumplimiento. Pero este tema ya lo hemos tratado en otra entrada anterior. Ahí pueden ver el asunto desarrollado y aquí solo diremos que esto del IVA está lastrando de forma muy grave al sector en este terreno.

Pero también hay problemas que no son imputables a las Administraciones Públicas y sí al propio sector del libro.

De entrada, hay pocos títulos disponibles, al menos si se lo compara con la cantidad de títulos disponibles en papel. Y para seguir, algunas editoriales –con independencia del IVA antes señalado- ponen un precio disparatado a sus ebook. No puede ser que haya títulos que en papel cuestan 20 euros y que electrónicos salgan por 16. Los lectores se echan las manos a la cabeza y con razón. Cuando los editores afirman que les es imposible poner un precio menor, en seguida se les acusa de de avaricia, de afán de lucro desmedido. Pero eso tampoco es así. Vamos a ver qué ocurre.

Sucede que el ebook es un producto editorial del todo distinto. Y que eso hace que se esté produciendo un fenómeno de «canibalización». Es decir: lo que una editorial gana con la venta de ebooks es a costa de sufrir un descenso en las ventas de esos títulos en papel. El ebook es más barato, el número de libros vendidos (suma de electrónico y papel) se mantiene igual y la empresa sigue teniendo una serie de gastos que producen los segundos: almacenes, comerciales, transportes, etc.

Es una ecuación peligrosa. Y algunas editoriales están cometiendo el error de cargar a los ebooks –como a cualquier otro de sus productos- la parte proporcional que le correspondería de esos gastos. Solo que los ebooks no causan tales gastos.

Por poner un ejemplo, es como tener una empresa de transportes en la que hubiera botas de caminar y caballos para cabalgar. Y se imputase a las primeras los gastos de forraje, establos, veterinarios, etc. Desde luego el par de botas saldría carísimo. Pues aquí igual.

Así que no es una cuestión simple de codicia, o al menos no en todos los casos.

¿Significa esto que está bien, que es una política acertada? A juicio de muchos no. De hecho es más bien suicida. A largo plazo no se podrá sostener. Porque ¿qué pasará cuando los ebooks supongan el 20 y no el 1% de los ejemplares vendidos? ¿Irán aumentando el precio para compensar el gasto adicional derivado de la progresiva reducción de tiradas en papel, que encarecerá al libro tradicional?

Pero a corto plazo hay una cuestión más urgente. Si revisan el barómetro de hábitos de lectura, verán que el ebook crece sobre todo entre los lectores más jóvenes y los mayores. Eso no puede ser casualidad. El formato electrónico es un gran avance para las personas de edad, ya que les permite aumentar el tamaño de letra. Y en cuanto a los más jóvenes, la comodidad y lo familiar para ellos de los dispositivos de lectura son grandes alicientes.

Si la oferta de títulos en electrónico es escasa y los precios abusivos, los jóvenes acudirán a las descargas ilegales. Hay infinidad de páginas piratas con una oferta mucho mayor que la legal de las editoriales. Eso a día de hoy es un hecho. Si toda una generación se acostumbra a piratear libros electrónicos, luego la cosa va a ser difícil de enmendar. A las pruebas me remitió. Y si no piensen lo que pasó hace solo unos años con las descargas de música.

¿Cuál es la solución? Bueno, por la parte de la administración parece más fácil. Corregir ese absurdo del IVA del 18%. Tal vez también aceptar que el editorial es un sector que se enfrenta a una crisis de cambio y, en consecuencia, desarrollar una legislación favorable y arbitrar ayuda. Ayudas en forma de créditos como los que se conceden a cualquier otro sector industrial. Por favor: nada de subvenciones a fondo perdido, que lo único que crean son clientelismos, corrupción y economías parásitas, como ya se ha visto con otras industrias culturales.

En cuanto a las propias editoriales, ¿qué pueden hacer? Pues la verdad es que no sabría decirles. Desde luego, parece lógico que seguir por ciertos caminos antes apuntados solo llevan al desastre.

Las editoriales tendrán que realizar los cambios necesarios, que serán distintos en cada caso. Piensen que el mundo editorial es casi un universo en sí mismo. No es lo mismo una editorial pequeña que una mediana, y estas dos poco tienen que ver con un gran grupo. Todas producen libros, pero como estructuras empresariales son de lo más distintas.

Las editoriales pequeñas tienen en principio más fácil adaptarse al ebook, ya que no tienen almacenes en propiedad, ni personal comercial, ni cargan con una serie de condicionantes que retrasen la reconversión. Los grandes grupos a su vez pueden crear nuevas sociedades mercantiles para la gestión en exclusiva de los ebooks. Pero eso no les libra de cómo grupo tener que encarar los problemas arriba señalados. Aparte de que hay que abordar el tema de cómo se van a promocionar en el futuro los libros electrónicos, que discurren por canales no tradicionales…

En fin. Que es un gran lío. Es complicado y cada cual tendrá que arreglar su casa como buenamente sepa y pueda, que para eso las empresas son sociedades mercantiles; negocios. Pero el Estado a su vez es la casa de todos. Y la Administración debiera dar los pasos para facilitar y no para estorbar el desarrollo del ebook.

Si no lo hacemos así, lo único que conseguiremos es que en el futuro los españoles compremos ebooks a través de webs de empresas radicadas en el extranjero. Y no digo esto porque sufra un brote de nacionalismo, que es algo que detesto. Pero si eso ocurre habremos destruido una industria de momento pujante en España. Eso significaría pérdida de puestos de trabajo y una sangría de dinero hacia el exterior. En definitiva, que nos empobreceríamos todavía un poco más como país.

Read Full Post »

Este lunes pasado, la parlamentaria Rosa Díez, de UPyD, presentó una PNL (proposición no de ley) para instar al Gobierno a que «realice las modificaciones legales precisas para que, en el plazo de tres meses, el IVA que se repercute a los libros electrónicos sea el mismo superreducido que se aplica a los libros en soporte físico» (sic).

Por cierto, para aquellos que no lo sepan, una PNL es una de las herramientas que tienen los partidos para pedir que se produzcan cambios legislativos en materias concretas. Y es la vía por la que se ha optado en este caso.

Los argumentos que expuse en la entrada El disparatado IVA de los libros electrónicos son casi idénticos a los que ofrece la PNL en su exposición de motivos. Eso no es casualidad. Al fin y al cabo, colaboro en el área de Cultura de UPyD.

Pero lo que quiero aquí resaltar es el gran valor que a mi juicio tiene esta PNL. Rompe con una inercia. Todos, gobierno y oposición, han estado asumiendo que este tema compete a la UE y que solo en el Parlamento Europeo puede arreglarse. No es cierto y así ha quedado sentado. Más allá de que el Gobierno de o no los pasos precisos (esperemos que sí) se ha abierto una puerta.

Esta iniciativa, pese a su importancia, no ha sido recogida por los medios. No es de extrañar. La medida absoluta para otorgar tiempo y espacio en medios a una noticia es la del espectáculo que esta pueda dar. A la prensa y la televisión le interesan las fragorosas disputas sobre el canon digital o la ley Sinde, no asuntos más discretos que sin embargo pueden llegar a tener más calado para la industria cultural.

Es curioso pero es así. Son los tiempos que nos han tocado vivir. Pero conviene no despistarse con el circo.  Hay que recordar que son los retoques, el ajuste fino las que hacen a la postre que una ley concreta sea útil o inútil, operativa o ineficaz, beneficiosa o dañina.

Esa era la primera reflexión. La segunda es que, comentando con algunas personas acerca de todo esto, he caído en la cuenta de que un número considerable de ciudadanos no tienen de verdad muy claro para qué sirve el Congreso. No, no lo tienen. Será asombroso pero es lo que hay. Y tiene sus explicaciones.

De entrada, no se ofrece una acertada educación a la ciudadanía sobre qué y cómo son nuestras instituciones y nuestra legislación. Pero a eso se ha sumado una distorsión propiciada de nuevo por los medios. Para muchos, el Congreso es un lugar casi siempre vacío al que acuden los jefazos de los partidos políticos a tirarse de los pelos y llamarse de todo. Es lo que ven en las televisiones, porque es casi lo único que estos se dignan trasmitirles.

Sin embargo el Congreso no tiene por primero misión que los cabezas de los partidos disputen sobre las acciones de gobierno. Una de sus grandes misiones es legislar. No solo promulgar las grandes leyes, sino también llevar a cabo esa misión perpetua de ajustar la maquinaria legal para una mayor eficacia y mejor servicio a los ciudadanos. O esa es la teoría.

Debemos recordar que el Congreso no es el Coliseo. Exigir a nuestros congresistas que legislen, que para eso están. La maquinaria legal es como la de un coche: o se mantiene a punto, limpia y ajustada, o empieza a echar humo y se descacharra. Y en eso la maquinaria cultural es en especial delicada.

Read Full Post »

Hace ahora un año –el 26 de marzo del 2010-, la Agencia Tributaria emitió una respuesta vinculante a una consulta sobre el IVA aplicable a los ebooks. En ella indicaba que el IVA sería del 16% (ahora 18%) en los casos en que los libros se suministrasen mediante descarga.

Tal respuesta produjo un gran trastorno en el sector editorial. Muchas empresas tenían en marcha proyectos de producción y comercialización de ebooks, y se vieron obligadas a recalcularlo todo sobre la marcha.

La AGT sustanciaba su respuesta sobre todo en la directiva 2009/47/CE y parece que la gran mayoría de los legisladores españoles han aceptado esa óptica sin rechistar, ya que sus iniciativas se han encaminado a pedir al Gobierno que propicie un cambio en esa directiva. Sin embargo, existe otra óptica sobre el asunto que aquí quiero compartir.

De entrada, las directivas europeas no son obligatorias. Si la legislación propia de un país miembro contiene preceptos parecidos que pueden ser armonizados, no hay ninguna razón para trasponer la directiva, total o parcialmente. De hecho, esa directiva no se ha traspuesto en España. Resulta por tanto pintoresco que la AGT se acoja a ella.

Otro punto negro es que la AGT recurra a la definición de libro de la RAE y no a la de la ley 10/2007 de la lectura, del libro y de las bibliotecas. Desde un punto de vista jurídico, la única definición válida de libro es la que da esta ley. Y en ella se le define como producto y no como servicio.

Entiende la AGT que la venta del libro es la prestación de un servicio. Pero, según la definición que la ley del IVA, eso es imposible. El libro tiene como característica esencial que no puede ser modificado sin permiso. Así lo establece la Ley de la Propiedad Intelectual. Es imposible que un producto intelectual terminado se convierta en un servicio susceptible de modificarse a petición del comprador.

Habla de «venta de servicios». Pero los servicios no se venden sino que se prestan por un tiempo determinado. Su no permanencia temporal, su no propiedad por parte del usuario es lo que les diferencia de los productos. Los productos sí que son propiedad permanente: se disfrutan de nuevo sin necesidad de otro pago y su propiedad se puede trasmitir.

La AGT mezcla dos conceptos distintos. Atribuye más importancia al envase que al contenido. La ley del libro establece que el libro es producto y no servicio, y que puede estar en cualquier soporte. Eso es así porque el soporte lo único que hace es permitir la lectura. Y la lectura es la forma del disfrute del bien adquirido. Sin ello, no tendría sentido la compra.

Con su respuesta, la AGT contradijo otras previas, emitidas por ella misma sobre el mismo asunto. Y ha causado una serie de daños notables:

Daño a todos los españoles, que son los destinatarios últimos de las políticas culturales. Su derecho al acceso a la cultura y a la información se resiente por culpa de este tipo abusivo de IVA.

Daño al desarrollo de la Sociedad de la Información y el Conocimiento.

Daño a las empresas editoriales e informáticas. También a los creadores.

No es un tema baladí. Puede llevar a escenarios poco halagüeños. Por ejemplo a que las editoriales españolas tengan que competir en desventaja con otras radicadas en estados de legislación más favorable. Puede haber riesgo de deslocalización, de que nuestras empresas se muden a otros países, ya que para vender ebooks solo se necesitan páginas de descarga y no presencia física en el país.

Casi cualquier opción nos lleva a la pérdida de movimiento económico y a la destrucción de empleo.

Así que más nos vale que alguien haga algo al respecto. Algo tan sencillo como desarrollar una legislación coherente. Una que ayude a un sector de futuro con un mercado potencial enorme que, según las previsiones, no hará sino crecer en las próximas décadas.

 

Legislación mencionada:

Directiva 2009/47/CE

http://eur-lex.europa.eu/LexUriServ/LexUriServ.do?uri=OJ:L:2009:116:0018:0020:ES:PDF

 

Ley de la lectura, del libro y las bibliotecas:

http://www.boe.es/boe/dias/2007/06/23/pdfs/A27140-27150.pdf

 

Ley del IVA http://www.boe.es/aeboe/consultas/bases_datos/doc.php?id=BOE-A-1992-28740

 

Read Full Post »