Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘e-cultura’ Category

Con el título de Digital Europe: Diversity and Oportunity, se ha publicado un estudio más que completo sobre la situación de la creación en el nuevo marco creado por Internet. Léanlo o al menos echen una ojeada. Yo me quedo con un dato. En música, cine, literatura, los europeos estamos muy por detrás de los Estados Unidos. Y luego, ya dentro de Europa, los ingleses están a años luz de los demás en cuanto a consumo en formatos digitales. Esos son los datos objetivos.

Y eso me lleva a la reflexión tantas veces y por tantos apuntada. La brecha digital existe entre países y clases sociales, es cierto. Se debe cerrar, también es cierto. Son loables los esfuerzos que se han hecho en tal sentido. Se habla mucho de la alfabetización digital. Pero tal solo viene de verdad de la mano de la necesidad, no de campañas que solo serán siempre auxiliares. La gente mayor aprende a usar el ordenador o el móvil no por ir a cursos organizados por su Ayuntamiento (que no digo que estén mal) sino cuando por A o B le surge la necesidad de utilizar ordenadores o móviles. Punto.

Y con las creaciones en formato digital pasa un poco lo mismo. Cuando la gente disponga de ventajas objetivas de esos formatos sobre los tradicionales, su consumo subirá de forma espectacular. Ahora ya lo hace, pero solo porque los porcentajes son ridículos. La primera ventaja que el público no percibe es, por ejemplo, el precio. No la ve porque en muchos casos no existe. Mientras en muchos productos (libros electrónicos por ejemplo) se pretenda cobrar unos precios absurdos, que solo son una rebaja ridícula sobre el precio del libro físico, los consumidores no verán motivo para emigrar al formato digital… y se abonará a esos que justifican el robo de la propiedad intelectual. Por cierto que, al hilo de eso, mírense los datos que da. En España, las pérdidas por robo de propiedad intelectual son mucho más elevadas que en otros países europeos. Y eso supone, y no sé por qué nadie incide en ello, una destrucción importante de puestos de trabajo en el sector.

Lo del precio era solo un ejemplo. Me quedo con esa hipótesis a la que me apunto. Mientras no se den motivos (ventajas) al consumidor, esté seguirá anclado en viejos formatos. Ahí están los números. Y no me extiendo más. Les invito de nuevo a ojear el texto, que es de lo más interesante.

Anuncios

Read Full Post »

Ayer comentábamos el hecho de que algunas librerías online, con mucho volumen de negocio, no exigen el ISBN a las publicaciones que venden. Un poco al hilo de eso pero en sentido contrario está la noticia de que el 18 de este mes, la ISO (International Organization for Standardization) ha otorgado al ISNI el ISO 27729, lo que le convierte en un estandar internacional a la hora de identificar y catalogar a los titulares de creaciones en muy diversos soportes.

El ISNI (Internationa Standart Name Identifier) es un código de 16 dígitos que sirve para identificar identidades con el objetivo de dar un único código que sirva tanto en los diversos campos creativos como de investigación, etc. En su página se define uno el vínculo entre las figuras públicas y las obras con las que están relacionadas estas figuras. Es una buena definición.

En un momento en que la revolución digital está rompiendo las barreras y por tanto los campos tradicionales de la cultura, parece una iniciativa valiosa, adecuada a los nuevos tiempos. La cosa se complica cada vez más, en un proceso creativo intervienen cada vez más creadores y empresas. Sirva de ejemplo que está ocurriendo con el ebook, que ya está introduciendo contenido multimedia.

Lo cierto es que el ISNI es muy joven. Nació el año pasado con la pretensión de crear una herramientas que pudiera servir para eliminar las duplicidades y confusiones entre identidades y, por tanto, sobre las autorías y titularidad de derechos. La Agencia Internacional del ISNI es el fruto de la colaboración de varias entidades internacionales, entre las que está la Conference of European Libraries. Es obvio el éxito obtenido, visto el rápido reconocimiento por parte de la ISO y la concesión de ese número: 27729:2012, que supone el espaldarazo a la iniciativa.

La información está disponible en la página oficial de la agencia. Ahí, a la derecha, con solo pinchar sobre el encabezado ISNI Standart published by ISO es posible descargar el documento con toda la información sobre este particular.

Read Full Post »

El Observatorio de la lectua y el libro, dependiente de la actual Secretaría de Estado de Cultura, acaba de publicar Situación actual y perspectivas del libro digital en España II. Se trata de un documento muy bien estructurado, muy bien informado, que ofrece cifras en detalle. También una panorámica de las diferentes iniciativas que han tenido lugar en este país en fechas recientes.

Léanlo si el tema les interesa. Es lo único que les puedo decir. Les va a resultar muy instructivo.

El único pero que se puede poner no es en realidad un pero, porque no es culpa del informe. Ocurre que este escenario del libro electrónico está evolucionando tan rápido que las conclusiones que se sacan ya no son aplicables a la actualidad. La cifra que ofrece: que el ebook en 2010 (última cifra disponible) supuso solo el 2,4% de la facturación solo es eso, una cifra ya pasada. La calificación de marginal es aplicable a ese momento y escenario, no a los actuales.

El único comentario, al margen de ese, que quisiera hacer, es el siguiente. Ahí se recoge que los ebooks ya son el 18% de los libros registrados en España. Y dice bien: «registrados». Libros con ISBN. Hago la precisión porque cada vez ese método va a ser menos fiable.

El ISBN no deja de ser un número de catalogación otorgado por una entidad privada, radicada en su día en Alemania y en la actualidad en Inglaterra, si no me equivoco. A los españoles nos choca esto un poco porque hasta el año pasado los isbns eran expedidos por un organismo oficial.

Y ocurre que el ISBN se está «desuniersalizando» si se me permite el palabro. Librerías online con tanto volumen de negocio como Amazon no lo exigen, en cambio otras como ITunes sí. Y los hay, gratuitos, que circulan con licencias creative commons. Así que ya no son el 100% de los libros que se producen en ebook los que llevan ISBN, como ha estado ocurriendo con los producidos en papel. Luego echar las cuentas ya no va a ser tan fácil como antes y habrá tal vez que recurrir a la estadística.

Pero era eso, solo un comentario, una anotación al margen. Insisto, léanlo si les interesa el tema. No se arrepentirán.

Read Full Post »

Nos anuncian que el FBI ha cerrado Megaupload y Megavideo. También que han detenido a sus responsables y a parte de sus empleados. El motivo, el haber ejercido a manera de «casa de tolerancia» para un tráfico de archivos que incurriría en delitos contra la Propiedad Intelectual, y haber causado con ello pérdidas millonarias a los legítimos propietarios de esas obras.

Las primeras cifras que nos dan son sin duda astronómicas. Nos dicen que a cambio de causar pérdidas por valor de medio billón (español) de dólares a los propietarios de las obras, se habrían embolsado más de 175 millones de dólares. También que Megaupload y Megavideo representaban cerca del 4% del tráfico mundial en Internet. Ahí es nada.

Para aquellos que no lo saben, hay que aclarar que Megaupload no era exactamente un portal «pirata». Los usuarios podían alojar ahí toda clase de archivos para su descarga. De hecho, el que esto escribe tenía un par de ebooks gratuitos para descarga de los usuarios alojados justo ahí. La web tenía un sistema para denuncias para aquellos casos en los que alguien detectase que se había alojado material que vulneraba los derechos de la Propiedad Intelectual.

Eso no parece haber sido suficiente. Los responsables de Megaupload están acusados de crimen organizado y eso en Estados Unidos no es ninguna broma.

Pero hay que mirar más allá de este suceso concreto, que acaba de tener lugar. Esto es un síntoma más, como la cuestión de la ley SOPA es otro. Podemos considerar todo esto como burbujas en un caldero puesto al fuego. Un pop aquí, otro pop allá. A simple vista aislados, pero en realidad señales de un todo. Avisos de que el caldero está punto a bullir.

Ese bullir es que la fiesta se ha acabado. La transferencia del negocio de películas, música, literatura, a la Red se está acelerando. Por ejemplo, ya se vende más música por Internet que en descarga. Antes la Red solo movía piratería y no presentaba grandes posibilidades de negocio real para los legítimos propietarios. Ahora la tecnología ha evolucionado y cada vez más el negocio está en Red.

Y esos propietarios de los derechos no están por la labor de producir ellos para que se lucren otros. Lógico. Hasta ahora grandes empresas de telefonía y servicios de Internet se han limitado a poner los medios y lavarse las manos de los posibles actos de piratería. Pero ahora tienen enfrente no a autores o pequeñas empresas, sino a corporaciones igual de grandes y con igual de malas pulgas. Y la juerga de barra libre se va a acabar.

A mí me parece bien que haya clausura y prisión en lo que a las vulneraciones de los derechos de la Propiedad Intelectual se refiere. Lo único, como señalaba en la entrada anterior, es que hay que posicionarse no en defensa de granujas pero sí en que no se vulneren libertades y derechos con la excusa de poner coto a tales granujas. Por mí, que metan en la cárcel a todos los que se lucran con delitos contra la Propiedad Intelectual. Pero cuidado con que eso no sirva de excusa para censuras, represión de opiniones adversas, persecución y bloqueo de todo aquello que pueda molestar a los poderosos.

A mi juicio, es por eso por lo que hay que pelear. Y en cuanto a los defensores de un supuesto «libertarismo» en la Red, postura que al final no era más que dar cancha a piratas, me parece que tendrán que buscarse nuevos pastos. Muchas veces se ha señalado que los gurús -de todo pelaje- suelen apoyar posiciones extremas porque defendiendo la moderación no se suele ganar popularidad con la rapidez que gente así desean. Eso explicaría la actitud de ciertos personajes sobre este tema. Tendrán que buscarse nuevos púlpitos desde los que predicar azufre y apocalipsis. Porque también para ellos, al menos en este tema, empieza a acabarse el carnaval.

Read Full Post »

El proceso para la votación en el Congreso de los EEUU de la ley SOPA se ha paralizado. El enfrentamiento, el enconamiento era tal que se ha acordado buscar posturas de consenso, lo que no deja de ser una salida de lo más loable.

Hay mucha información en la Red sobre la SOPA. Hay artículos de fondo que analizan la ley y artículos de opinión acerca de su oportunidad y de las posibles consecuencias que puede traer su aprobación. Así que tampoco voy a entrar en detalles.

Dicho por encima, la SOPA (Stop on Piracy Act) pretende acabar con la trama de sitios que hacen la piratería posible. Sitios que sacan de esa piratería beneficio directo o derivado (gracias a la publicidad). Hasta ahí todo bien.

El problema es que, tal como está planteada la ley, pone en trance de sanción a cualquier sitio que tenga un enlace a sitio de descarga ilegal, colocado por algún usuario en por ejemplo foros. Con esa norma en la mano, cualquier web que tenga comunidad, espacio para la participación de usuarios, se expone a ser sancionada. Y esa ley da además la posibilidad de bloquear el acceso a aquellos sitios albergados en el extranjero que vulneren los derechos de la propiedad intelectual.

Esto es la SOPA muy a vista de pájaro. Vamos, que más bien debía llamarse PURE (Privacity Under Rough End).

Contra esa ley se han posicionado parte de los congresistas estadounidenses. Pero no caigamos en análisis ingenuos. Cada grupo representa a un lobby: el de las multinacionales de lo audiovisual por un lado y el de las grandes corporaciones de Internet por el otro. Eso sin perjuicio de que los haya que estén defendiendo lo que creen correcto. Pero esto es un choque de gigantes industriales cuyas consecuencias van a alcanzar a peces más chicos y a los simples particulares.

Pero yo a este respecto quería plantear un tema concreto. Uno que no he visto reflejado en artículos, lo que no quiere decir que nadie lo haya contemplado. Tal tema es el siguiente: todavía peor que los sitios que puedan cerrarse, es el caso de aquellos sitios que quedarán en situación de ser cerrados en cualquier momento. No es un trabalenguas y voy a procurar explicarme.

Una forma muy efectiva de tener «agarrados» a los ciudadanos y a las organizaciones es colocarlas en una situación tal que les sea imposible cumplir la ley. Eso es lo que hacen por cierto algunos ayuntamientos al demorar la concesión de licencias a locales. Les obligan a funcionar en precario. Algo que se logra también mediante una profusión excesiva de leyes.

Y también promulgando una que sea casi imposible de no vulnerar. En esa situación, los que pueden ser castigados –o sea, casi todos- se vuelven de lo más dóciles y cooperativos. Porque si se tornan díscolos, se les aplica esa ley. Y aunque eso es terrible siempre, en este caso puede serlo más porque estamos hablando de las grandes corporaciones de Internet. De Facebook a Amazon, pasando por Twitter o Wikipedia. Organizaciones que mueven a muchos millones de usuarios y cantidades ingentes de información. Si se saben en situación de ser castigadas por haber vulnerado –aún de forma involuntaria- una ley, es de suponer que muchas procurarán ser de lo más cooperativas con aquel que puede aplicarles dicha ley.

No creo que haga falta que diga más. Sobre las posibles implicaciones, cada cual que reflexione y saque las consecuencias que quiera. Por eso hacía yo arriba la bromita de que en vez de SOPA iba a ser PURE. Sé que el chascarrillo no es muy refinado desde el punto del idioma, pero entre mis prendas –muchas o pocas- no está el de un gran don de lenguas. Pero sí el tener la lengua que tengo algo afilada. Y con el sarcasmo expreso lo que considero que puede ser verdad si eso no se arregla. Que pueden pasar la privacidad por un rodillo, no a palos, sino con la amenaza del palo, que es siempre mil veces más efectivo.

Read Full Post »

El pasado 30 de diciembre, el nuevo Gobierno del PP anunció la sustitución del llamado canon digital por otro método para compensar las pérdidas por copia privada a autores y empresas culturales. No fue ni siquiera la muerte de una crónica anunciada sino un entierro que tendría que haber tenido lugar hace meses. El canon estaba ya muerto. Un par de sentencias judiciales en su contra lo habían hecho inviable. Y en julio una iniciativa parlamentaria del PP que pedía su supresión salió adelante con los votos entre otros del propio PSOE.

Solo era pues cuestión de tiempo. Aunque el Gobierno del Sr. Rodríguez Zapatero, como en otras tantas cuestiones, prefirió sacudirse el muerto y dejárselo al Gobierno entrante. Entre otras cosas porque la simple derogación no valía. Era preciso sustituirlo por otro método de compensación por copia privada, ya que esta obedece a una directiva europea en tal sentido. Directiva a la que cada país de la UE ha dado su propia solución.

El PP ha optado por instaurar un pago a autores y empresas a través de las sociedades de gestión de derechos colectivos. Pago que hará el propio Gobierno a cargo de los Presupuestos Generales del Estado. La cifra –que algunas informaciones periodísticas sitúan entre los 40 y 60 millones de euros- se establecerá mediante decreto tras consultas entre las sociedades de gestión y la industria.

Así pues, de entre los métodos posibles, el Gobierno ha optado por lo que en años pasados venía pidiendo la industria fabricante, que exigía que la compensación corriese a cargo del Estado. Algo bastante peregrino, por cierto, ya que es la industria la que se lucra con la venta de soportes y parece lógico que sea ella la que pague la compensación.

Con esta decisión el Gobierno parece comprar paz a cargo de los presupuestos. El canon digital suscitó una controversia totalmente desproporcionada respecto a la suma que suponía, que era menos de 300 millones de euros. La industria fue muy hábil al presentar esa compensación como un recargo que se veía «obligada» a imponer a los usuarios para satisfacer las exigencias de las sociedades de gestión.

Es verdad además que ese gravamen era muy injusto, dado su carácter universal, se usasen o no los soportes para copias privadas. Y el cambio por cualquier otro método pero a cargo de la industria, como parece de justicia, habría seguido atizando esa polémica. De esta forma, paga el Estado y el Gobierno se ahorra campañas en contra que han salpicado a ejecutivos anteriores.

Pero claro, estamos hablando de dinero público y ya hay entonces cosas que aquí no cuadran. Mal que el Estado, y más en la situación en la que estamos, pague lo que debieran pagar unas sociedades mercantiles. Pero además, no se entiende eso de que la cantidad se fijará tras conversaciones entre las partes implicada.

Si el Estado va a pagar, lo lógico es establecer de una vez cuánto habría que pagar. Hacer una estimación fiable de qué pérdidas se ocasiona al sector con la copia privada. Nunca se ha hecho una evaluación de verdad objetiva y que sirva de indicador de qué cifra estamos hablando. Y mientras no se haga, no sabremos si se está pagando de menos o de más. Y al ser dinero público, las cuentas, en todos los sentidos, debieran estar muy claras.

Además, ante estos cambios surgen una serie de interrogantes.

Por ejemplo, qué va a pasar con ese «recargo» que se destinaba al pago del canon digital. Ahora que se ha derogado el canon, ¿bajará el precio de los soportes? ¿O procurará la industria embolsarse esas cantidades que según ellos el usuario se veía «obligado» a pagar en el precio final? Puede que por soporte individual sean cifras muy pequeñas, pero todos juntos arrojan un buen montón de millones.

Y eso provoca una segunda pregunta. Si la industria se embolsa ese dinero, si no desaparecen esas sumas de un canon digital que ya no existe, ¿qué harán ciertas organizaciones y ciertos gurús de red? ¿Seguirán su cruzada on-line contra un recargo por soporte que seguirá existiendo pese a haber desaparecido la ley que lo justificaba? ¿O se harán los locos y se irán en busca de otras causas mediáticas que les den tanta resonancia y notoriedad como les dio esta en su momento?

Ya sarcasmos aparte, cabe preguntarse por el mismo futuro de la compensación por copia privada. La tecnología avanza a una velocidad endiablada y se están planteando nuevos escenarios que pueden dejar toda esta cuestión obsoleta. Aquí tenemos ya los almacenamientos remotos que permiten a los usuarios albergar archivos de todo tipo. Luego solo necesitan sincronizar sus distintos dispositivos para tener acceso desde el PC, el portátil, la tableta, el móvil, etc., a esos archivos. No parece que eso quepa ya dentro de lo que se entiende por copia privada. ¿Y qué sucederá si en un futuro es posible compartirlos con cientos de usuarios a la vez, sin necesidad de descarga?

Es solo un apunte, un ejemplo. Todo está cambiando a velocidad de vértigo. Lo que ahora es novedad, mañana está obsoleto. Lo que hoy parece que será el futuro, pasado mañana es vía muerta. Nadie sabe de verdad qué va a pasar. Convendría por tanto que los legisladores estuvieran atentos a las señales. Como bien se indica en ese excelente libro llamado El cisne negro, no podemos prever los sucesos extraordinarios. Pero sí podemos estar preparados por si acaso suceden.

Y así es. Debemos estar preparados para lo que trae el futuro. Hay que saber qué haremos en caso de que las condiciones sean unas u otras. Las leyes están para crear un marco justo en el que las reglas de juego estén claras y sean iguales para todos. Cada vez que la legislación no se adapta con la rapidez bastante a las nuevas situaciones, la falta de regularización hace que siempre alguien –los más débiles en cada caso- se vean perjudicados por aquellos a los que los cambios les ponen la sartén por el mango.

Read Full Post »

Hace un par de semanas, el director de la Academia de Cine, González Macho, hizo un comentario en una conferencia en el Foro de la Nueva Cultura que me dio que pensar. Fue acerca de la piratería contra la propiedad intelectual y las pérdidas que causa a la Hacienda Pública. Alrededor de 2.000 millones perdidos en impuestos. Suficientes para cubrir el agujero en sanidad.

Lo que me dejó pensando no fue la cifra ni eso de la sanidad, que ni siquiera he comprobado. Fue más bien la orientación del comentario. Porque son datos como ese los que se descuidan a la hora de concienciar a la opinión pública sobre este tema.

Soy de esos que creen que uno de los grandes errores en la lucha contra la piratería es que la batalla de la imagen se ha dado de forma pésima. O más bien ni se ha dado.

Piensen que los derechos de la propiedad intelectual se enfrentan a un hándicap importante respecto a otros derechos. Verán: en el caso del robo, el asesinato o la violación, el 99% de los ciudadanos son susceptibles de sufrir el delito y solo un porcentaje residual de cometerlo. De ahí el consenso social en esos temas. Reprimir tales delitos es cuestión de supervivencia para la gran mayoría.

La cosa cambia con la piratería. Los porcentajes son inversos casi. Un 1% de la población –si llega- está amenazada por ese delito, en tanto que la gran mayoría tiene la posibilidad de cometerlo. Eso marca una diferencia y es absurdo ignorar el hecho.

De esa mayoría en posición de piratear, un porcentaje lo hace. Y parte de ellos además alardean de hacerlo y lo defienden. Como cuando se comete cualquier delito o agresión contra los que son sus conciudadanos, buscan justificaciones. Buscan soportes ideológicos que certifiquen que lo que hacen no está mal o incluso que está bien.

Y si hay demanda, aparece la oferta. No faltan los gurús de ocasión que dan ese soporte ideológico y eslóganes. Que alientan y fabrican argumentos. Tampoco faltan medios de comunicación dispuestos a dar resonancia a esos argumentos. Medios que son parte interesada en esta guerra, por cierto.

Si a todo eso sumamos las malas prácticas de ciertas sociedades de gestión y colectivos de la creación, el caldo de brujas está servido. La avaricia, la prepotencia, la apuesta por el lobby de presión política frente a la defensa de las buenas leyes han hecho mucho daño al sector.

La imagen de unos creadores codiciosos y ruines no se ha forjado en dos días. Tampoco nació por generación espontánea.

Es paradójico que en esto el sector cultural haya perdido la batalla de la imagen. Tantas mentes brillantes, tantos conocimientos sobre el tema. Y derrotados por… ¿por quién? Por unos cuantos agitadores de segunda y por los trolls que saturan a insultos las páginas de comentarios de la prensa online cada vez que se toca este tema. Poco más.

¿No será que la batalla de la imagen la ha perdido el sector cultural más por los errores propios que por la cantidad y calidad de sus enemigos activos?

Por eso digo que me quedé pensando cuando oí aquel dato sobre las pérdidas causadas por la piratería a Hacienda. ¿Qué pasaría si esas cifras se usasen de manera adecuada? En otra entrada que titulé Contra la piratería, más educación y una pizca o dos de visión estratégica, contaba cómo los expertos señalan que para combatir la piratería son necesarios educación, leyes más claras y represión adecuada.

A esas tres quizá habría que añadir un cuidado por la imagen que hasta ahora no se ha tenido.

El sector cultural debiera invertir en imagen, como lo hacen otros. Presentar a la ciudadanía las cifras. El dinero perdido en impuestos. La destrucción de empleos. El lucro indecente de particulares y mafias organizadas. Habría que tratar a la piratería en su conjunto, y no solo a la que daña a la propiedad intelectual. Habría… mucho que hacer, eso es lo que habría.

Si el sector cultural diese la batalla de la imagen, tal vez se volverían las tornas. Si los profetas de la piratería campan a sus anchas es porque nadie les planta de verdad cara. Al menos no de la manera adecuada. En una época de crisis como la que vivimos, la opinión pública es muy sensible a las pérdidas para las arcas públicas y en empleo.

Acaba de anunciar el nuevo ministro de Educación (y por tanto de Cultura) que está dispuesto a actuar contra los que se lucran de forma indebida con las descargas. Y eso ha bastado para que ya salgan a relucir las navajas. Ya veremos en qué forma aborda este Gobierno ese problema.

Lo que decía que para el sector cultural es un problema de imagen, para el Estado es una cuestión de pedagogía. No puede ser que según una encuesta reciente, solo un 30% de los españoles ve a las descargas ilegales como algo delictivo. Se han estado haciendo muy mal las cosas. Hay que presentar esas cifras y si es preciso recurrir a campañas de concienciación pública como las de los accidentes de tráfico. Las medidas legales, llegados a este extremo, me da la sensación de que no bastan.

Ocurre que el propio Estado ha quedado salpicado por haber tomado medidas que favorecían a algunas industrias culturales mediante fórmulas chapuceras que al final han hecho mucho daño. Y ahora es fácil echarle encima a la gente. No tanta multitud como parece, pero sin duda que habrá bastante ruido mediático y en redes. Y eso suele poner muy nerviosos a ciertos políticos. Y si no véase la lamentable actuación del anterior presidente, el Sr. Rodríguez Zapatero, que paralizó la aprobación del reglamento de la llamada ley Sinde no por convicción sino por miedo a la reacción de ciertos sectores públicos.

Para no alargarnos. Que mientras no se trabaje más en las áreas de pedagogía e imagen, la guerra contra la piratería no podrá ganarse en este país. Y mientras no se gane –porque lo anterior ha de acompañar a mejores leyes. Leyes que protejan los derechos legítimos de los creadores sin conculcar los también legítimos de los ciudadanos-, España seguirá siendo señalada como un paraíso para toda clase de piratas. Y eso incluye a las mafias organizadas de la falsificación. Una distinción más bien triste que yo, al menos, no quisiera ver mucho tiempo en nuestra pechera.

Read Full Post »

Older Posts »