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Archive for the ‘Acción cultural exterior’ Category

No pudo ser. No pudo ser y es una pena que Mario Vargas Llosa no vaya a dirigir el Instituto Cervantes. Leemos en la prensa que ha declinado la oferta. Y si digo que es una pena es porque Vargas Llosa no es solo uno de los mayores escritores vivos, de talento que nadie discute. Es también un hombre público, con sobradas capacidades diplomáticas –entendido esto en sentido amplio- que tan necesarias son para el puesto que le ofrecían.

Un hombre como él habría sacado enormes réditos para el Cervantes en un momento en el que la institución está necesitada de ellos. Se han oído toda clase de desatinos y barbaridades. Yo soy de los que piensan que, de haber aceptado, habría sido Vargas Llosa el que habría hecho un favor al Cervantes y no al revés. Y eso no es desdeñar a la institución. Pero esta, tras dos legislaturas bajo el zapaterismo, es una de tantas estructuras del estado que necesita obras, reparaciones y reformas. Y entre estas un buen lavado de la fachada y una mejor mano de pintura.

Por eso, cuando uno ve expandirse de manera viral toda clase de maledicencias –como la de que era un «premio a su apoyo al PP en su campaña para llegar al poder-, no puede por menos que menear la cabeza. Pero esto es lo que tiene el tiempo de las Redes Sociales, que a cambio nos han traído un tiempo de maravillas nuevas. No hay cara sin cruz, ni avance sin servidumbres.

Pero vayamos más allá de la figura concreta de Vargas Llosa. Vamos a la política que se pretendía aplicar al ofrecerle el puesto. ¿Les parece acertada? A mí sí. Ya hemos dicho que la imagen del Cervantes ha quedado salpicada, como casi todo lo relacionado con la «marca España». Es preciso darle cara nueva. Y una de las posibles soluciones para mejorar esa cara era esta. Colocar al frente de la institución a un literato de talla, más que reconocido a nivel internacional. Que esa persona se ocupase de la parte más pública. Que dejase a otros las reformas que fueran menester, la gestión interna, el día a día.

Una bicefalia de facto. ¿Por qué no? Los tándem figura pública-gestor interno, como fórmula, han cosechado éxitos notable. Cierto es que también ha habido fracasos sonoros. Porque eso no significa que la «figura pública» sea un mero hombre de paja, ni que este se vaya a prestar a ello, o a ser tapadera de nada. Y los nuevos aires para el Cervantes tienen que ser algo más que rascar la cochambre de la fachada. Es algo imprescindible. Pero ha de estar acompañado de otras acciones igual de decididas, o todo quedará en nada.

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Nos anuncian el lanzamiento del PACE (Plan Nacional de Acción Cultural Exterior), propiciado por el ministerio de Asuntos Exteriores y el de Cultura, mediante el que pretenden ordenar la acción cultural de nuestro país en el exterior.

En sí, la idea de ordenar y organizar todo eso es aplaudible. La acción cultural exterior española es caótica. La llevan a cabo diversas instituciones y empresas públicas cuyas funciones se solapan. A veces también se ve obstruida por conflictos de jurisdicción entre estas entidades o aquellos dos ministerios.

El plan ve la luz sin el consenso entre los dos grandes partidos. Eso es la norma, no la excepción. Y parece que tampoco dentro del Gobierno el parto haya sido fácil. El documento es el fruto de casi año y medio de negociaciones entre Cultura y Exteriores.

Largo tiempo, porque el documento es breve y no entra en muchos detalles. Si se toman la molestia de leerlo, verán que se podría dividir en tres partes.

La primera es algo así como una exposición de motivos.

La segunda define unas estrategias y objetivos. Marca líneas maestras y poco se puede decir a eso. Optar por estrategias sectoriales y regionales es eso, tan solo una opción entre varias. Fijar objetivos tales como reforzar la marca «España», potenciar el turismo cultural, proyectar nuestra cultura en el exterior, etc., son metas más que razonables. Es difícil no estar de acuerdo.

Hasta aquí nada que objetar. Con estos documentos de corte general ocurre lo que con los contratos. Hasta que uno lee la letra pequeña no puede saber si son justos u onerosos. Habrá que ver qué medidas concretas se adoptan para alcanzar los citados objetivos.

El problema llega con la tercera parte: la Gobernanza. Para ordenar la acción cultural en el exterior, el documento establece la «Creación de un Consejo de Acción Cultural Exterior, que se reunirá una vez al año, presidido por las personas titulares de los ministerios de Asuntos Exteriores y de Cooperación, y de Cultura y en el que estarán presentes al máximo nivel los responsables de todas las instituciones y administraciones que tienen competencia en política cultural exterior o la llevan a cabo».

Acabáramos, amigos. Para este viaje no necesitábamos tantas alforjas. Tantas vueltas y revueltas para crear otro órgano administrativo más. Uno con su secretaría, sus grupos de trabajo y un órgano consultivo en el que están presentes hasta las CCAA…

A juicio de más de uno, esto es justo lo peor que se podía hacer. Desde luego, la destartalada acción cultural española no se solucionará mientras subsista el caos de entidades y actuaciones. Y no va a ser un consejo el que ponga orden.

Les daré un ejemplo. Vamos a suponer que los hospitales, las bases de UVIs móviles, los ambulatorios, las farmacias, los centros de investigación, etc., funcionasen cada uno a su aire. Que se pisasen el terreno unas veces, que otras dejasen zonas y franjas horarias sin cubrir, que disputasen por competencias. ¿Se resolvería el desbarajuste creando un Consejo Sanitario para que los distintos representantes discutieran? ¿No sería mejor crear un órgano que los englobase y dirigiera, fijando una política común e integrada? Un Ministerio de Sanidad, por ejemplo.

Pues aquí igual. Debe haber un plan integral. Y debe haber una dirección política. Dirección que ha de ser única, con autoridad sobre todos los organismos involucrados en la acción cultural exterior. Solo así se pondrá fin a la descoordinación, los solapamientos, los vacíos, los conflictos.

Lo de Requiescat in PACE del título fue un chascarrillo al que no pude resistirme. O no tan broma. Este Consejo va a ser como una lápida de granito sobre nuestra acción cultural exterior. De entrada más burocracia y más gasto. Y si alguna paz va a poner va a poner será la de la tumba, porque lo único que puede hacer es aumentar la ineficacia de nuestro país en un terreno tan importante.

 

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