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Archive for 27 abril 2012

Nueva entrega, correspondiente a la semana que va del 22 al 27 de abril de 2012.

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Todos los días es el día internacional de algo. La efectividad de festejos así es como poco cuestionable. Pero por los menos sirve, eso sí, para que las personas involucradas de una u otra forma con el tema al que hace referencia el día se movilicen, hagan actos, traten de darle repercusión mediática.

Y hoy es el Día Internacional de la Propiedad Intelectual. Un «día internacional» muy joven, que cumple once años si las cuentas no me fallan, y que trata de dar resonancia a los derechos que asisten a creadores e inventores sobre sus obras. Así que no se diga, aquí va mi granito de arena, en este caso acerca de los enemigos de la Propiedad Intelectual.

Que la Propiedad Intelectual tiene enemigos, no es noticia. Pero, ¿qué no los tiene? El asunto está en identificarlos y clasificarlos, que no siempre se hace. Y en estas líneas quiero ofrecerles mi particular taxonomía sobre el asunto. Pueden usarla a su antojo, citando la fuente, claro.

Los enemigos de la propiedad intelectual podrían englobarse todos bajo un solo epíteto, el de «listos». Son todos unos listos, de una u otra forma. Lástima que el lenguaje escrito no pueda reproducir esas distintas entonaciones que en español damos a la palabra listo. Así que póngale ustedes el tonillo a cada uno.

1. De entrada tenemos a los «listos» que piratean, para usar el término coloquial, y no contentos con ello, pretenden convertir su latrocino en una suerte de acto justiciero, de rebeldía, sea contra autores millonarios o contra ese enemigo brumoso al que llaman «la industria».

2. Luego están los «listos» que pescan en aguas revueltas y que se dividen a su vez en dos categorías.

2.1. Por un lado los sectores industriales que tienen mucho que ganar no pagando derechos de propiedad intelectual o, al menos, cambiando las normas a su favor. Algunos de esos sectores son muy activos a la hora de alentar la hostilidad pública o incluso de financiar por detrás a autotituladas organizaciones de usuarios en red o supuestos pequeños comercios en pugna legal contra entidades de gestión.

2.2. Por el otro lado están los que han visto el filón de la popularidad rápida y fácil jaleando, atizando y dando en algunos casos incluso un tosco soporte ideológico a las posturas hostiles a la propiedad intelectual.

3. Luego están los «listos» que pretenden exprimir la teta con el cuento de la propiedad intelectual. Esos son algunos creadores y en ocasiones así se han comportado algunas sociedades de gestión, con prácticas abusivas y posturas arrogantes. Todos estos «listos» son para la propiedad intelectual un verdadero enemigo en casa. Se pasan de «listos» y sus desmanes alimentan la hostilidad de parte de la población y dan excusas a los «listos» de la categoría 2.

3. Y por último están los «listos» convencidos de que con un chascar de dedos pueden resolver un escenario tan complicado como el de la propiedad intelectual. Este «tipo» de listos abunda en la clase política española. De forma periódica nos regalan con alguna idea genial, concebida en el fondo de sus mentes geniales y sin ayuda de expertos o siquiera documentación sobre el tema.

He dicho que abunda pero por suerte son bastante inocuos. Todo el tema de la Propiedad Intelectual está muy acotado por Directivas Europeas y Convenios Internacionales, cosa que por lo normal este tipo de «listos» suele ignorar, pese a que no debieran.

En general, en España vamos de listos con el tema de la Propiedad Intelectual, y así nos luce el pelo. Si ciertas industrias culturales no fuesen tan tacañas, si la clase política no sufriese de tanta soberbia intelectual, acudirían a los que saben, que son los abogados especializados en Propiedad Intelectual. Existen, saben mucho y tienen mucha experiencia. Son los listos de verdad, en el sentido apreciativo y no peyorativo del término. Asombra que sus conocimientos, que su experiencia, no sea a veces demandada por gente que tendría en unos casos mucho que ganar y en otros mucho que aprender para bien de todos.

Pero en fin, todo cambia y todo puede cambiar. Tal vez algún día en este tema –como en otros tantos- algún día seamos más listos y no vayamos tanto de listos, porque siempre acabamos pasándonos de listos.

Entretanto, buen día de la Propiedad Intelectual. Esto que ilustra el post son algunos de los carteles conmemorativos del día, que se viene haciendo desde que existe. ¿Hermosos, verdad? Pinchando en el cartel de más abajo, pueden acceder a la web de la Organización Internacional de la Propiedad Intelectual.

 

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¿Por qué todo han de ser parabienes y palmaditas en el hombro en el Día del Libro? ¿Acaso va todo tan bien? Aparte de procurar hacer negocio, sobre todo en Sant Jordi, y organizar saraos y fastos, podemos procurar hacer un poco de crítica y análisis. Desde esa óptica, ahí va mi grano de arena.

Puesto que este blog está dedicado a las políticas culturales, un apunte político. Cuando se filtró que se iba a suprimir la Dirección General del Libro, se desató un chaparrón de críticas adversas a la medida. Tuve ocasión de leer alguna de ellas en la prensa y, en su mayor partes, echaban mano de los sentimientos. De lo duro que iba a ser ver desaparecer una dirección general que, a juicio de los articulistas, tanto había hecho por el mundo del libro.

Bueno, el área sigue intacta, solo que con menos galones dentro del escalafón administrativo. Pero ahí, en los presupuestos generales del Estado 2012 (en la propuesta que ha de debatirse) está la partida 334B destinada a la «promoción del libro y las publicaciones culturales». Así que, existir existe, solo que, como todas, con menos dinero que los años anteriores. De hecho, parte de ahorro residen en que se ahorran el sueldo de un alto cargo que antes estaba al frente.

Esta área se dedica a la asignación de dinero a diversas instituciones, asociaciones y empresas, para justo lo que dice su encabezado, promover al libro y a las publicaciones culturales. No voy a entrar aquí en enumerar qué se suprime, qué se recorta y qué se mantiene, ni en dar mi opinión sobre cada concepto.

Pero sí quiero apuntar un dato, al hilo del anterior párrafo, que no parece bueno. El presupuesto total de esta área es este año de 11.095.390 euros. Sin embargo los gastos presupuestados de personal son de 2.136.530 euros y los gastos corrientes 2.060.570 euros. Así que, si os sumamos, nos encontramos con que el departamento gasta 4.343.100 euros en un funcionamiento interno. O sea, se va cerca del 40% del dinero en solo existir, y a grandes rasgos se reparte el otro 60%.

Una proporción 40-60. ¿No es un poco excesivo el gasto interno?

Solo este dato quería señalar. Juzguen ustedes mismos. Puede que por motivos sentimentales queramos que el libro tenga una dirección general -¡O un ministerio para él solo!-, pero creo importante que, para la verdadera promoción del sector desde la administración pública se establezcan modelos de verdad operativos. Que, haya mucho o poco dinero, se procure emplear la mayor parte de él en su objetivo primario; en este caso el libro y las publicaciones culturales. Y que se vaya adecuando al nuevo escenario en el que cada vez se sumergen más las letras.

Sí, creo, en este Día del Libro 2012, que debíamos pensar menos en los galones y más en ir cambiando el caballo por un coche. En nuevos modelos operativos, adaptados a los nuevos tiempos, haya disponible mucho o poco dinero. Que el futuro nos está, también en esto, atropellando.

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En el Día Mundial de Monumentos y Sitios, el buscador del Ministerio de Bienes del Patrimonio. Para acceder, basta con pinchar aquí.

Via Scoop.itDe políticas culturales

Se ofrece la posibilidad de buscar los bienes declarados, tanto por comunidad autónoma como por fecha de inscripción…

Via www.mcu.es

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La percepción que tienen nuestros conciudadanos del mundo de la cultura –o al menos de algunos de sus segmentos- no es nada favorable. Es bien sabido, es una mala visión que parece encima empeorar y, de hecho, se han publicado estos días en prensa un par de buenos artículos al respecto. Esa mala percepción viene ligada a que la gente del mundo de la Cultura es vista por no pocos ciudadanos como poco menos que parásitos, camarillas que se dedican a vivir del dinero público, a gastar en vano recursos ahora escasos. Es toda una batería de acusaciones, desde la de mediocridad artística a la de parasitismo social, que no debiera llevar a algunos a enrocarse.

Porque tampoco ve uno a tanta gente de la Cultura que incida en el retorno social que este sector aporta a nuestra nación. Al contrario. No pocos se repliegan a la defensa de la Cultura a partir de la «exquisitez» de misma. De algo que se debe sustentar, sea como sea, sin evaluar ni cuestionar, so pena de caer en la barbarie. Y algunos incluso defienden el segmento concreto al que pertenecen denigrando a otros dentro del mundo de la Cultura, exigiendo para lo suyo preferencia.

Y unos cuantos ceden a posturas peores y todavía más erradas.

Por ejemplo, personalmente, me resultan lamentables esos desprecios públicos hacia el Deporte que hemos visto en los últimos meses, desde que Deporte y Cultura quedaron como Secretarías de Estado en un mismo ministerio.

Sin embargo, es de suponer que el mundo del Deporte ha pesado tanto como el de Cultura en esa redistribución administrativa. O sea: nada.

Por supuesto que la «unión» de Cultura y Deportes bajo Educación es discutible. Discutible porque se le pueden encontrar peros e inconvenientes. Discutible también en el sentido de que, como toda decisión política, puede y debe ser sometida a estudio y análisis.

Pero que se desaten las iras de algunos parnasiegos contra el Deporte me parece una variante esperpéntica de la falacia ad hominem. Se ataca esa unión administrativa denigrando al sector unido, que sin duda está tan feliz con la unión como el de Cultura. En fin. Todas esas declaraciones del tipo: es una vergüenza que se una a Cultura –que, ¡oiga!, ¡es Cultura!- con Deporte, que no es más que un entretenimiento, sobran. Suenan a rancias y a rencor. Son injustas y erradas también.

De entrada el Deporte es más que un entretenimiento. Para empezar mueve más del doble del PIB nacional que el sector cultura, que por mucho que nos pese no llega al 4%. Eso supone el trabajo de mucha gente y, ahora menos que nunca, no estamos en este país para despreciar lentejas. Y, desde luego, es algo más que grandes acontecimientos retrasmitidos por televisión –a los que por otra parte no veo nada de malo-. El acceso a la práctica deportiva de los ciudadanos puede reportar a estos una gran carga de salud física y psíquica, entre otros beneficios.

Negar que en el binomio Cultura-subvenciones se han dado toda clase de malas prácticas es cerrar los ojos o ser hipócritas. Desde el preciso momento en que entra en juego una subvención pública –sea en cultura, agricultura, obras públicas o lo que sea- se genera una dinámica específica. Si tales subvenciones no son puntuales sino que se mantienen a lo largo de años, su obtención acaba ligada con rapidez a las conexiones con el poder y no a la excelencia profesional.

En el mundo de la Cultura existe además una perversión añadida. Actúan grupos que se erigen en árbitros de esa excelencia. Pretenden definir qué es tal excelencia y quiénes la poseen y quiénes no. Por supuesto, ellos mismos, según sus propios baremos, la poseen en grado sumo.

Con todo eso, el cóctel está servido. O más bien, la nitroglicerina está mezclada. ¿Cómo no va a estallar antes o después, si encima se empeñan en menearla con una buena dosis de arrogancia y prepotencia? Así estamos aquí en la situación al principio indicada: con parte de la población de uñas contra algunos segmentos culturales del país. Y encima algunos no se apean.

Uno puede entender eso de «dame más y antes que a nadie, que los míos y yo somos de verdad los excelsos». Entender que es una estrategia de supervivencia, no entender de compartirla o siquiera simpatizar con ella. No, porque actitudes así solo son positivas para los que las practican, y solo en el caso de que les caiga algo. So capa de defender la Cultura, en el fondo procuran amarrar para ellos.

Pero se acabó el convite. Lo del dinero público se ha acabado para muchos, en unos casos para bien y en otro para mal.

Continuará

Ver Hay Cultura más allá del dinero público I

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Que los Presupuestos del estado de este año van a suponer un hachazo terrible en algunas partidas es un tópico ya, a fuerza de repetido. Y a algunas áreas, como Cultura, el golpe es monumental. Se maquilla el recorte con su inclusión bajo el paraguas de Educación para que no parezca tanto, pero lo cierto es que va a sufrir una reducción de alrededor del 33%. El recorte no es homogéneo y es mayor en algunas actuaciones que en otras. En algunas partidas o acciones concretas el presupuesto se queda a cero. Aquí va, para que nos hagamos una idea, una lista de siete que se quedan sin un céntimo.

1. Cooperación y difusión cultural en el exterior. El año pasado se destinaron poco más de ocho millones de euros a este concepto. Este, nada.

2. Acción de formación y comunicación social a través de los medios, para creación e impulso del hábito de lectura en los ciudadanos. Abtruso título para las inversiones en medios destinadas al fomento de la lectura. El año pasado a esto se destinaron 661.890 euros. Este, nada.

3. Plan de disminución de actividades vulneradoras de la Propiedad Intelectual. De 410.000 euros el año pasa a cero.

4. Promoción del libro y publicaciones culturales. Otra partida que se queda a cero este año, en espera de mejores tiempos.

5. La restauración y/o las obras de conservación de diversos edificios del patrimonio histórico. Por ejemplo la Universidad de Salamanca o la catedral de Jaca. Se han parado, pese a estar planificadas, hasta que haya más euros en la caja.

6. La creación de algunas nuevas bibliotecas del estado. Las desafortunadas han sido, entre otras, Segovia o Ibiza, que tendrán que esperar mejores épocas.

7. La creación y/o reformas en varios museos. Así ha ocurrido con la ampliación del museo etnológico de Rivadavia (Orense) o la construcción de los nuevos museos arqueológicos de Tarragona o Granada.

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