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Archive for 29 marzo 2012

Ayer comentábamos el hecho de que algunas librerías online, con mucho volumen de negocio, no exigen el ISBN a las publicaciones que venden. Un poco al hilo de eso pero en sentido contrario está la noticia de que el 18 de este mes, la ISO (International Organization for Standardization) ha otorgado al ISNI el ISO 27729, lo que le convierte en un estandar internacional a la hora de identificar y catalogar a los titulares de creaciones en muy diversos soportes.

El ISNI (Internationa Standart Name Identifier) es un código de 16 dígitos que sirve para identificar identidades con el objetivo de dar un único código que sirva tanto en los diversos campos creativos como de investigación, etc. En su página se define uno el vínculo entre las figuras públicas y las obras con las que están relacionadas estas figuras. Es una buena definición.

En un momento en que la revolución digital está rompiendo las barreras y por tanto los campos tradicionales de la cultura, parece una iniciativa valiosa, adecuada a los nuevos tiempos. La cosa se complica cada vez más, en un proceso creativo intervienen cada vez más creadores y empresas. Sirva de ejemplo que está ocurriendo con el ebook, que ya está introduciendo contenido multimedia.

Lo cierto es que el ISNI es muy joven. Nació el año pasado con la pretensión de crear una herramientas que pudiera servir para eliminar las duplicidades y confusiones entre identidades y, por tanto, sobre las autorías y titularidad de derechos. La Agencia Internacional del ISNI es el fruto de la colaboración de varias entidades internacionales, entre las que está la Conference of European Libraries. Es obvio el éxito obtenido, visto el rápido reconocimiento por parte de la ISO y la concesión de ese número: 27729:2012, que supone el espaldarazo a la iniciativa.

La información está disponible en la página oficial de la agencia. Ahí, a la derecha, con solo pinchar sobre el encabezado ISNI Standart published by ISO es posible descargar el documento con toda la información sobre este particular.

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El Observatorio de la lectua y el libro, dependiente de la actual Secretaría de Estado de Cultura, acaba de publicar Situación actual y perspectivas del libro digital en España II. Se trata de un documento muy bien estructurado, muy bien informado, que ofrece cifras en detalle. También una panorámica de las diferentes iniciativas que han tenido lugar en este país en fechas recientes.

Léanlo si el tema les interesa. Es lo único que les puedo decir. Les va a resultar muy instructivo.

El único pero que se puede poner no es en realidad un pero, porque no es culpa del informe. Ocurre que este escenario del libro electrónico está evolucionando tan rápido que las conclusiones que se sacan ya no son aplicables a la actualidad. La cifra que ofrece: que el ebook en 2010 (última cifra disponible) supuso solo el 2,4% de la facturación solo es eso, una cifra ya pasada. La calificación de marginal es aplicable a ese momento y escenario, no a los actuales.

El único comentario, al margen de ese, que quisiera hacer, es el siguiente. Ahí se recoge que los ebooks ya son el 18% de los libros registrados en España. Y dice bien: «registrados». Libros con ISBN. Hago la precisión porque cada vez ese método va a ser menos fiable.

El ISBN no deja de ser un número de catalogación otorgado por una entidad privada, radicada en su día en Alemania y en la actualidad en Inglaterra, si no me equivoco. A los españoles nos choca esto un poco porque hasta el año pasado los isbns eran expedidos por un organismo oficial.

Y ocurre que el ISBN se está «desuniersalizando» si se me permite el palabro. Librerías online con tanto volumen de negocio como Amazon no lo exigen, en cambio otras como ITunes sí. Y los hay, gratuitos, que circulan con licencias creative commons. Así que ya no son el 100% de los libros que se producen en ebook los que llevan ISBN, como ha estado ocurriendo con los producidos en papel. Luego echar las cuentas ya no va a ser tan fácil como antes y habrá tal vez que recurrir a la estadística.

Pero era eso, solo un comentario, una anotación al margen. Insisto, léanlo si les interesa el tema. No se arrepentirán.

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Supongo que muchos conocen las «pirámides de necesidad». Sí: esas figuras que sirven para ilustrar, en niveles, las distintas necesidades que los seres humanos van cubriendo de forma sucesiva. La pirámide de Maslow es la más famosa. Tienen esa forma porque, para atender un nivel de necesidad, el que sea, antes tenemos que haber satisfecho el inferior. Por ejemplo y para entendernos, los seres humanos –los normales- no tratamos de ganar en comodidad si no hemos cubierto antes el nivel de subsistencia. Vamos, que la gente –la normal- no se preocupa de meter muebles de diseño en la casa si tiene la nevera vacía.

Es un artificio muy gráfico y también de lo más flexible. Se aplica tanto a individuos como grupos. Y podría hacerse con el tema de los Presupuestos Generales del Estado; esos que saldrán este mismo viernes 30.

Se preguntará más de uno qué tiene que ver una cosa con otra. Pues veamos. Estos presupuestos se esperan con mucho temor, sobre todo en el sector Cultura. Vivimos en una situación de crisis muy dura, y más que se va a poner, y ya se han anunciado unos presupuestos de lo más austeros.

Todos sabemos que hay que reducir gastos, estamos de acuerdo en ello, pero a la vez esperamos en nuestro fuero interno que eso les afecte a los demás, no a nosotros. Y muchos temen –tememos- un recorte drástico en lo que a la Secretaría de Estado de Cultura toca. Es verdad que aquí entramos en terreno minado. Que áreas enteras del sector Cultura dependen del dinero público, unas veces por la vía directa de las subvención y otra por la de las infraestructuras, equipamientos y contratos que realizan las Administraciones Públicas.

Incluso muchos de los que somos contrarios a la «cultura de la subvención» pensamos que eso se tiene que desmontar de manera gradual. Segmentos culturales enteros son en nuestro país como yonkis a los que se les ha hecho dependientes de sus dosis (de fondos públicos en este caso). Retirárselo de golpe y todo es matarlos.

Pero dejemos a un lado ese tema, que no es de lo que iba a hablar. Hemos visto manifestaciones de todo tipo acerca de los recortes que todos vemos venir. Y está bastante claro que aquí se enfrentan dos concepciones antagónicas. Y esas dos posturas no son la de mucho gasto o poco gasto en el área Cultura, no.

Por un lado, estarían aquellos que consideran a la Cultura algo así como un lujo, para unos un capricho de ricos y para otros un manjar para paladares exquisitos. No les diferencia la concepción sino el que los primeros son partidarios del recorte y los segundos no, sobre todo si se consideran a sí mismo parte de los «exquisitos».

Por el otro lado, estamos los que vemos en la Cultura un bien básico. Los que creemos que el acceso universal a la Cultura es algo que el Estado debe garantizar y en ciertos casos prestar de forma directa.

Y por eso hablaba de pirámide de necesidad. Pirámide de necesidad en cuanto a atención por parte del Estado. Para los que ven a la Cultura como un lujo, esta se sitúa muy arriba en la pirámide. Para los que lo vemos como un esencial, está muy abajo. Es un nivel básico que debe garantizarse y atenderse.

Piénsenlo. Son dos enfoques del todo opuestos. También a la hora de reducir gastos, en el por qué y cómo hacer esos recortes. La diferencia es total.

Hay que apretarse el cinto, eso está claro. Si la Sanidad o la Educación lo hacen, desde luego que la Cultura también. Pero no es algo superfluo, accesorio, de lo que el Estado pueda desprenderse con alegría y sin consecuencias. Es un área vital, aunque a algunos les cueste entenderlo y otros, con sus discursos de estetas, consigan más poner palos en las ruedas del carro que otra cosa.

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Dicho y hecho, el pasado 29 de febrero se publicaron en el BOE los procedimientos a la hora de comunicarse con la Sección Segunda de la Comisión de la Propiedad Intelectual. La sección está ya pues en marcha. Y algunos seguimos pensando lo mismo. Es necesario algún mecanismo que salvaguarde los derechos de la propiedad intelectual frente a los que los depredan. En ese sentido bien. Lo malo es que es una lástima que no se haya sido capaz de articular a través de los jueces, como habría sido lo lógico. Es un fallo del sistema y, por cierto, dice bastante poco también de algunos jueces que con sus interpretaciones torticeras y arbitrarias (en el mal sentido de la palabra) han propiciado que se establezca este sistema.

Al revés que la Sección Primera, que cobra por prestar servicios de arbitraje, acudir a la Segunda será gratuito, debiendo, por supuesto, acreditar la condición de titular o representante del titular de los derechos. Aquí les dejo la Orden publicada en el BOE, por si le quieren echar un vistazo o puede serles de utilidad VER.

Y, eso sí. Los que saben de esto dicen que uno de los grandes nudos gordianos del método es la posibilidad de que se produzca una colisión con los procedimientos judiciales. Es decir: ¿qué pasa si la Sección Segunda decide cerrar una página web que infringe los derechos de propiedad intelectual, y esa página y sus titulares, por otro lado, han sido denunciados por la vía penal? Pues según dicen, pasa que es un lío.

Así que, si son titulares de derechos de propiedad intelectual, ya saben: o acuden al juez o a la comisión. Pero a los dos puede ser que se enreden. En este caso puede ocurrir que los esfuerzos se resten y no se sumen. Que uno más uno de igual a cero y no a dos.

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Por supuesto que la publicación de Sexismo y visibilidad de la mujer, del académico Ignacio del Bosque -donde se deja en evidencia a los manuales que dicen querer corregir el lenguaje sexista- ha desatado una tempestad de ira, recriminaciones, descalificaciones, insultos y etcs. En ese informe se destapa el bajo nivel, el sesgo y la falacia de tales manuales o guías del lenguaje no sexista.

Me da que muchas veces se ve el asunto desde la óptica errada. Parte de esa ira se deberá a cuestiones ideológicas, no lo dudo. Pero no olvidemos que con esto de «detectar y enmendar el lenguaje sexista» se ha generado en nuestro país toda una economía parásita, una más de las muchas que le chupan el dinero público a este desdichado país. Hay gente que vive de esto, así de claro. Y ponerlos en evidencia es poner en peligro sus lentejas, así de simple. Son un «sector» hasta ahora poco cuestionado. Como Ignacio del Bosque señala con mucha más finura y elegancia de la que yo lo expreso aquí, cualquier tuercebotas (o tuercebotesa) carente del más mínimo conocimiento sobre la materia se escribe un panfleto y añado yo que ¡hala!, a publicarlo a costa de las arcas públicas.

Sobre ese informe y su autor han volcado toda clase de basura, empezando por la tan amada para los españoles falacia ad hominem, o sea, tratar de rebatir el argumento denigrando a la persona. Por eso, se esté o no de acuerdo con el informe -que lo estoy, aunque mi opinión sea irrelevante- es bueno que, cuando alguien expone su punto de vista y se trata de amordazarle mediante el intento de linchamiento mediático, la gente de bien salga en su defensa. Entre otras cosas, hay que recordar que defender a aquellos que sufren acoso de este tipo aumenta nuestras probabilidades de sobrevivir si las víctimas de estos intentos de quemas públicas somos nosotros mañana.

Mi saludo por tanto a la iniciativa de apoyo público, plasmada en un manifiesto (VER) y que, por supuesto, apoyo. Defender el legítimo derecho a expresarse de los demás, sobre todo cuando lo hacen con argumentos, en contra de un «victorianismo» impuesto a sangre, fuego y medios, es defendernos a nosotros mismos.

Ayer era Darwin y hoy son los lingüistas. El eterno choque entre la fe del carbonero y el conocimiento. El eterno choque también entre los «pastores de almas» y los que osan pensar. Las cosas no han cambiado tanto y hoy, como siempre, uno tiene que elegir a qué bando apoya, si al de los que usan la antorcha para iluminar o al de los que lo usan para quemar a todos aquellos que no rinden pleitesía a sus dogmas.

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